Lunes 20 de octubre de 2014 | 4:40 A.M.
log
colaboraciones
Análisis
¿Qué hacer?
Edición No. 8
Diagnóstico de la educación en México
La educación
Ricardo Peláez
La educación
Vivian Romeu es doctora en Comunicación Social. Profesora e investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (Academia de Comunicación y Cultura).

Entre los compromisos del controvertido Pacto por México, la reforma educativa comienza a generar un debate de amplias dimensiones, necesario e impostergable. En su informe sobre el sistema educativo nacional 2011-2012, la Secretaría de Educación Pública (SEP) estima que la población estudiantil en México asciende a 32%, cifra poco halagüeña, si se considera que sólo la quinta parte de los educandos llega a los niveles de educación media y superior, y sólo poco más de la mitad logra titularse.

 Ante este panorama, un balance apretado de las principales deficiencias en el sistema educativo nacional puede darnos información sobre los ámbitos de atención en los que dicha reforma debería centrarse, so pena de soslayar lo estructural en función de lo cosmético.

 La aún insuficiente cobertura e infraestructura en todos los niveles, sobre todo en la educación media superior y superior, así como la participación del SNTE en la toma de decisiones, en particular las que se vinculan con la educación básica, y —derivado de la anterior— el creciente descenso en la calidad educativa que trae por consecuencia una fuerte desmotivación entre el alumnado y una elevada deserción, son tres aspectos que deben incluirse en el análisis.

 Junto a ello, debe señalarse el papel que juegan la pobreza y la desigualdad social en el llamado “fracaso educativo”. De ahí que cualquier examen sobre la educación en México, así sea breve, debe dar cuenta de los factores internos y externos que inciden en su estado actual.

 Podemos partir de un hecho innegable: existen 52 millones de pobres en México, a pesar de que el ingreso per cápita creció 12% de 2008 a 2011, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) [1]. En contraste, como afirma Rodolfo Echeverría en su artículo “El rezago educativo” [2]: “5 millones de mexicanos son analfabetos, 10 millones no han terminado la primaria, 16 millones no han concluido la secundaria”. El problema, continúa el autor, es mayúsculo. “Las cifras arrojan otro dato estremecedor: la mayoría son mujeres y 80% del rezago se encuentra atado a la economía informal”.

 Esto se refrenda con los datos que arroja la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que realizó el INEGI en 2010, los cuales indican que más de la mitad de la población económicamente activa gana entre uno y tres salarios mínimos, es decir, entre 2 mil 500 y 3 mil 100 pesos al mes, lo que nos da motivos para reflexionar que al menos la mitad de la población mexicana tiene dificultades para enfrentar los gastos que ocasiona acceder a los servicios de educación pública (transportación y alimento, cuotas escolares en la educación básica que contraviene el principio de gratuidad que el Estado mexicano constitucionalmente está obligado a garantizar, útiles y materiales, etcétera).

 Así, la pobreza aunada a la desvalorización social que últimamente ha pesado sobre la educación —para qué estudiar si no cambiarán mucho las condiciones de vida, si continúan las dificultades para encontrar empleo, si no se aprende lo que se necesita— son dos de los factores externos más acuciantes e incidentes en las deficiencias del sistema educativo en México.

 Por otra parte, hay que prestar atención a la calidad en la educación recibida que debe traducirse en un proyecto de desarrollo económico, social y cultural para el país, también a las políticas de acceso a la educación superior y a las de inserción en los mercados laborales que cada vez más requieren contenidos distintos de los que se enseñan en las escuelas.

 Muchos egresados del nivel superior no encuentran trabajo de aquello para lo que estudiaron: de 450 mil jóvenes que egresan anualmente en el país [3], según la ENOE realizada durante el tercer trimestre de 2012, sólo 40% obtiene un empleo en las áreas afines a su formación como profesionista, lo que implica que las políticas públicas sobre el empleo no atienden la demanda demográfica de los jóvenes en edad de trabajar, o bien que los conocimientos recibidos resultan insuficientes para insertarse en el mercado laboral, o quizá —y muy relacionado con lo anterior— que existe un problema en la calidad de la enseñanza que redunda en una deficiente articulación entre los planes y programas de estudio de las carreras existentes y la demanda en función del desarrollo social, económico y empresarial en la sociedad mexicana. Según Jorge Rodríguez Castañeda, subsecretario de Empleo y Productividad Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), más bien son estas dos últimas [4].

 En cuanto a los factores internos, toca al sistema nacional de educación hacer un diagnóstico serio y concienzudo sobre problemas como cobertura, infraestructura, revisión y creación de programas y planes de estudio, gratuidad, accesibilidad, formación y evaluación docente, control de la calidad, financiamiento, equidad, deserción y atraso escolar, modelos educativos, escuela de jornada completa, entre otros, sin dejar de considerar el papel de la burocratización, el federalismo y la “descentralización” que trae no menos graves consecuencias al sistema educativo debido al dobleteo de funciones, la falta de claridad en las atribuciones, el uso discrecional de los recursos, etcétera.

 En este marco, insisto, la reforma educativa deberá enfocarse en proveer una educación que garantice la solución a estos problemas de fondo, donde la equidad y la calidad se tornen verdaderos principios rectores de la educación que merecen todos los mexicanos a quienes el Estado tiene la obligación constitucional de garantizar. No se trata de condicionar el salario de un maestro al desempeño escolar de sus educandos; tampoco de cuestionar las deficiencias del docente, sino más bien de formarlo de manera constante y significativa. Esta es una de las deficiencias más grandes del sistema.

 La reforma educativa que requiere México debe tomar en cuenta que se debe ampliar la cobertura en educación media superior y superior, que hay que prestar mucha atención a la calidad, equidad, formación y evaluación docente, sobre todo en las zonas rurales e indígenas donde aún hoy, según la SEP, se localiza el mayor rezago educativo del país en todos los niveles. El problema no está esencialmente en la insuficiencia de recursos presupuestales. México aumentó su gasto público en educación en el último sexenio de 16 a 23.3%, destinando en promedio poco más de 6% del PIB. Aunque esta cifra no está a la altura de las necesidades del país, no resulta despreciable si la comparamos con las de Chile (6.8%) y Estados Unidos (7.3%). Parece ser, entonces, más un problema de uso y control de esos recursos y de evaluación de la calidad educativa, que son aspectos que pasan indefectiblemente por la relación del SNTE con el gobierno en turno, situación que agravó la alianza PAN-SNTE durante el sexenio calderonista.

 Desde la década de los noventa, la Comisión Nacional de Evaluación de la Educación Superior viene insistiendo en la necesidad inaplazable de realizar una reforma profunda e integral del sistema educativo mexicano, con el fin de transformarlo en aras de apoyar los cambios estructurales que el país requiere para alcanzar una mayor proyección a nivel nacional e internacional y formar profesionales e investigadores capaces de resolver los problemas sociales que existen y persistirán en años venideros. Para ello, no sólo hace falta implementar una política de flexibilización curricular que posibilite la interdisciplinariedad y el trabajo colaborativo que no será posible bajo las actuales condiciones del sistema educativo, sino —y sobre todo— generar políticas de financiamiento para ayudar a los grupos vulnerables, de modo que al tiempo que se asegure el acceso, se garantice también la equidad; asimismo se requiere abatir las prácticas políticas del SNTE que buscan el control de las decisiones en materia educativa, ampliar la cobertura y la infraestructura a escuelas en zonas indígenas y rurales, y crear un programa de formación y evaluación docente que controle la calidad de la enseñanza.

 Es lamentable que en pleno siglo XXI, México aún adolezca de un mal funcionamiento de las llamadas escuelas multigrado. Si bien la experiencia de estos planteles resulta ser provechosa en otros países, en México, según datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), esto ocurre en casi la mitad de los planteles escolares a nivel nacional, aspecto preocupante si se añade el hecho de que ello se corresponde con casi la totalidad de las escuelas indígenas, reproduciendo así el statu quo que coloca a este grupo social en esferas de vulnerabilidad social y económica. También resulta lamentable que en las escuelas haya computadoras y bibliotecas que apenas son utilizadas por maestros y alumnos. En el caso de los maestros se precisa de una capacitación continua y financiada que posibilite elevar su nivel profesional.

 La falta de competencias efectivas y reales por parte de estudiantes y maestros se debe a la ausencia de capacitación y entrenamiento de los segundos. En ese sentido, no puede existir reforma educativa que no contemple una fiscalización y control de los recursos presupuestales, el establecimiento urgente de controles sobre la calidad de la educación que redunde en un programa de formación, capacitación y evaluación del desempeño docente, y una reforma en las políticas de financiamiento a la educación para los grupos más vulnerables.

 Según cifras del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés), al menos hasta 2003, un millón de niños y adolescentes mexicanos no asistían a la escuela o la habían abandonado. ¿Las causas? En las zonas rurales la pobreza, la distante ubicación de las escuelas, la falta de maestros bilingües; y en el Distrito Federal, la mala calidad de la enseñanza, el maltrato y la necesidad de ayudar al sustento familiar.

 En ese tenor, las cifras sobre deserción escolar en México son alarmantes. Según la SEP, entre 2006 y 2012 la deserción escolar en México fue de 14.5%, aún alta, aunque disminuyó 2.2% respecto del sexenio anterior(8). De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud, en su programa de mediano plazo 2008-2012, las causas de la deserción escolar en México fueron que los jóvenes preferían trabajar, que la escuela no cubría sus expectativas, que los padres no querían que sus hijos siguieran estudiando y que debían trabajar para ayudar económicamente a sus familias.

 En síntesis, no hay duda de que el sistema educativo mexicano está en crisis por una razón fundamental: no está cumpliendo sus objetivos, no está asegurando la equidad y la calidad necesarias que demanda la inserción de México en el siglo XXI, y no está dando cumplimiento al artículo tercero constitucional, que señala a grandes rasgos el derecho a una educación garantizada por el Estado basada en los resultados del progreso científico.

 Como hemos visto, a pesar de que los problemas que aquejan a la educación en México se pueden resumir por niveles (en la educación básica, el problema principal es la relación SNTE-gobierno y la “descentralización”, amén de otros problemas vinculados con los modelos educativos, la escuela de tiempo completo, la gratuidad, la calidad de la enseñanza y formación docente; en cambio, en la educación media superior y superior los problemas son principalmente de cobertura, flexibilidad curricular, calidad educativa y políticas de correspondencia entre la formación profesional y el desarrollo social), entre las causas más significativas de la crisis destacan la insuficiencia presupuestal y la ausencia de control del gasto, la falta de capacitación y evaluación docente, la articulación entre planes y programas de estudio y el desarrollo social que requiere el país, y la ausencia de un programa amplio de financiamiento que otorgue recursos a los grupos más vulnerables o en situación de pobreza. Una reforma realmente eficaz no puede obviar estos aspectos.

 

 

 

Notas:

1) El Economista, 25 de agosto de 2011.

2) El Universal, 28 de SEPtiembre de 2012.

3) Tomado de Excélsior ,“Sin ejercer, 60% de profesionistas”, 30 de julio de 2012.

4) Idem.

5) Informe del Sistema Nacional de Educación 2011-2012.

6) Idem.

7) Recurso RS04 Porcentaje de Escuelas Multigrado, según número de docentes (2000-2001/2005-2006).

8) Tomado de El Universal, 30 de octubre de 2012.

 

 

 
 
AVISO LEGAL | ACERCA DE NOSOTROS    
© Radefra Comunicación S.A. de C.V., 2014 Logo footer Radefra Comunicación S.A. de C.V.
Sagredo No. 170 C 2 Colonia San José Insurgentes,
Delegación Benito Juárez. México, D.F., C.P. 03900
Teléfonos: 55 56640358, 55 55934449, 55 55934559